Inside a Notary Office

Inside a
Notary Office

JM Salaberri

¿Podría presentarse y explicarnos cuál es su función dentro del despacho?

Soy Eugenio Martínez-Echevarría Maldonado, director de Relaciones Institucionales de Martínez Echevarría y el Responsable de Desarrollo de Negocio de la firma


¿Qué tipo de clientes acompaña principalmente y cuál es su especialidad o la del despacho?

Martínez-Echevarría es un despacho de servicios plenos y totalmente multidisciplinar, que asesora tanto a empresas como a particulares en todas las áreas del Derecho. Contamos con más de 300 profesionales y una estructura muy especializada, en la que cada área está dirigida por abogados de referencia en su materia, lo que nos permite ofrecer un asesoramiento muy técnico y de alta calidad, pero siempre cercano y práctico para el cliente.

Trabajamos con empresas nacionales e internacionales de muy distintos sectores, acompañándolas en su actividad diaria y en operaciones complejas desde un enfoque integral. Y, al mismo tiempo, tenemos una fuerte implantación en el asesoramiento a clientes particulares, especialmente en la Costa del Sol, donde contamos con una amplia experiencia en el acompañamiento a clientes extranjeros que invierten en España.

Precisamente, una de las especialidades históricas del despacho ha sido el asesoramiento jurídico y fiscal a inversores internacionales, una labor que llevamos desarrollando desde hace más de 30 años. Esto nos ha permitido convertirnos en una firma de referencia para clientes extranjeros que necesitan un acompañamiento completo en sus inversiones y proyectos en España, que incluye acompañamiento jurídico completo, desde la planificación fiscal y societaria hasta cuestiones migratorias, sucesorias o patrimoniales. Además, algo que nos diferencia mucho es nuestra capacidad de coordinación entre áreas y oficinas, de forma que el cliente tiene un asesoramiento global, muy personalizado y adaptado a sus necesidades concretas.


¿Cuál considera que es la mayor fortaleza de su despacho?


Creo que una de las grandes fortalezas de Martínez-Echevarría es la combinación entre tamaño, implantación territorial y especialización. Somos actualmente el despacho líder andaluz por facturación y uno de los principales despachos nacionales, pero al mismo tiempo mantenemos una estructura muy cercana al cliente.

Tenemos presencia en todas las provincias de Andalucía y una implantación especialmente fuerte en la provincia de Málaga, donde contamos con oficinas en Málaga capital, Marbella —con tres oficinas—, Estepona, Fuengirola, Benalmádena, Manilva y Sotogrande, entre otras localizaciones. Esa cercanía territorial nos permite estar muy próximos al cliente y conocer perfectamente las necesidades del tejido empresarial y de los inversores nacionales e internacionales que operan en la zona.

Otra fortaleza diferencial es nuestra capacidad internacional. Podemos atender a clientes en más de 15 idiomas, algo especialmente importante en mercados como la Costa del Sol, donde trabajamos diariamente con clientes de múltiples nacionalidades. Esto genera una relación de muchísima confianza y facilita un acompañamiento mucho más personalizado.

Y, además, destacaría especialmente la hiperespecialización de nuestros equipos. Hoy en día es muy difícil que un abogado pueda ser especialista en todas las materias. El cliente exige un asesoramiento cada vez más técnico y sofisticado, y por eso en Martínez-Echevarría apostamos por departamentos altamente especializados, dirigidos por profesionales de referencia en cada área. Esa combinación entre experiencia, especialización y trabajo coordinado entre departamentos nos permite ofrecer un servicio de máxima calidad y aportar un verdadero valor añadido al cliente.


¿Cuál es la diferencia, entre un buen abogado de un excelente abogado?


Creo que la diferencia entre un buen abogado y un excelente abogado está en la capacidad de anticiparse y de aportar un verdadero valor añadido al cliente. Un buen abogado resuelve correctamente un problema jurídico; un excelente abogado, además, es capaz de adelantarse a las necesidades del cliente, identificar riesgos antes de que aparezcan y ofrecer soluciones que aporten seguridad y tranquilidad.

Muchas veces el cliente —ya sea una empresa o un particular— no tiene por qué conocer en profundidad las implicaciones jurídicas de cada decisión que toma. Por eso, el abogado excelente no se limita únicamente a responder cuando surge un problema, sino que acompaña al cliente de forma preventiva, ayudándole a tomar decisiones mejor informadas y evitando conflictos futuros.

También considero fundamental la cercanía y la capacidad de entender realmente el negocio o la situación personal del cliente. El Derecho no puede verse de forma aislada; hay que comprender el contexto, los objetivos y las preocupaciones de cada cliente para ofrecer soluciones prácticas, útiles y adaptadas a sus necesidades reales.

Y, por supuesto, la excelencia jurídica exige una formación constante y una alta especialización. El Derecho evoluciona continuamente, y hoy el cliente demanda un asesoramiento muy técnico, ágil y de máxima calidad. Por eso, un excelente abogado es también aquel que nunca deja de actualizarse y de aprender.


Marbella se ha convertido en un destino extremadamente internacional. ¿Cómo ha transformado eso el panorama jurídico local?

Sí, sin duda. Marbella y, en general, toda la Costa del Sol se han convertido en uno de los destinos más internacionales de Europa, y eso ha transformado profundamente el panorama jurídico local. Hoy ya no hablamos únicamente de Derecho inmobiliario tradicional, sino de un asesoramiento mucho más global, sofisticado e internacional.

Por un lado, existe una cuestión fundamental relacionada con los idiomas y la cercanía cultural. Los clientes internacionales quieren y necesitan ser atendidos en su propio idioma y con profesionales que comprendan también su forma de hacer negocios y sus expectativas. En nuestro caso, en Martínez-Echevarría podemos atender a clientes en más de 15 idiomas y acompañarlos en cualquier área del Derecho, algo que hoy es prácticamente imprescindible en un mercado tan internacionalizado como Marbella.

Pero, además, la internacionalización ha elevado muchísimo el nivel de exigencia del cliente. Muchos de los inversores y empresarios que llegan a la Costa del Sol están acostumbrados en sus países de origen a estándares muy altos de asesoramiento jurídico y empresarial. Eso obliga a las firmas legales a estar permanentemente actualizadas, a trabajar con altos estándares de calidad y a ofrecer un servicio muy ágil, especializado y orientado a soluciones.

También ha cambiado el tipo de asuntos que gestionamos. Cada vez vemos más operaciones internacionales complejas, estructuras societarias sofisticadas, planificación patrimonial y fiscal internacional, cuestiones migratorias, compliance, inversión extranjera o proyectos empresariales muy innovadores. En definitiva, la evolución de Marbella como destino internacional ha hecho que el mercado jurídico local sea hoy mucho más avanzado, competitivo y especializado que hace unos años.


¿Cree que la imagen de Marbella a nivel internacional ha cambiado en los últimos años?


Sí, creo que la imagen internacional de Marbella ha cambiado muchísimo y, además, lo ha hecho claramente para bien. Hace aproximadamente veinte años, la ciudad se vio muy afectada por determinados casos de corrupción política y urbanística que dañaron su reputación exterior. Sin embargo, Marbella ha sabido evolucionar y transformarse hasta convertirse hoy en uno de los destinos más consolidados y atractivos de Europa para vivir, invertir y desarrollar proyectos empresariales.

Actualmente, la imagen de Marbella está muy vinculada a la seguridad, la estabilidad, la calidad de vida y la inversión internacional de alto nivel. Hoy hablamos de una ciudad madura, con una oferta residencial, turística y empresarial muy sofisticada, capaz de competir con grandes destinos internacionales del segmento premium. De hecho, Marbella se ha consolidado como uno de los grandes referentes europeos del lujo residencial y de la inversión internacional.

Además, la ciudad ha experimentado una enorme profesionalización en muchos sectores: inmobiliario, hotelero, jurídico, financiero, sanitario o educativo. Cada vez atrae a un perfil de inversor y residente internacional más exigente, que no solo busca una segunda residencia, sino también seguridad jurídica, estabilidad, conectividad internacional y un entorno de máxima calidad.

Evidentemente, como cualquier destino internacional de primer nivel, Marbella también tiene retos importantes por delante, relacionados con el crecimiento, las infraestructuras o la movilidad. Pero, en términos generales, la evolución de su imagen internacional en los últimos años ha sido muy positiva y hoy Marbella está posicionada como uno de los destinos más sólidos y prestigiosos del sur de Europa.


¿Qué tienen en común los clientes más exitosos con los que trabaja?


Creo que los clientes más exitosos con los que trabajamos suelen compartir varias cualidades, pero probablemente una de las más importantes es su capacidad para pensar de una forma diferente, con una mentalidad muy abierta e innovadora. Son personas y empresas que no se limitan a hacer las cosas “como siempre se han hecho”, sino que constantemente buscan nuevas oportunidades, nuevas formas de crecer y nuevas maneras de aportar valor.

Tienen una visión muy estratégica y suelen adelantarse a los cambios del mercado. Son clientes con capacidad para adaptarse rápido, para detectar tendencias antes que otros y para tomar decisiones con valentía, siempre desde una perspectiva muy profesional y bien estructurada.

También suelen tener algo muy importante: una gran capacidad de aprendizaje y de rodearse de buenos equipos. Los clientes más exitosos normalmente escuchan mucho, se apoyan en especialistas y entienden que el asesoramiento profesional —jurídico, fiscal, financiero o estratégico— es una parte esencial del crecimiento de sus proyectos.

Y, además, hay un rasgo que vemos con frecuencia especialmente en perfiles empresariales internacionales: la inconformidad positiva. Son personas muy exigentes consigo mismas, muy orientadas a la excelencia y que buscan constantemente mejorar sus productos, servicios o modelos de negocio. Esa combinación entre innovación, visión a largo plazo y capacidad de ejecución suele ser un denominador común en muchos de los clientes más exitosos con los que trabajamos.


¿En qué momento una empresa debería realmente empezar a pensar en su estructura jurídica y su protección?


La estructura jurídica y la protección legal de una empresa deberían plantearse desde el primer momento. Evidentemente, durante toda la vida de la empresa es importante contar con un buen asesoramiento jurídico, pero probablemente la fase más delicada y determinante es precisamente el inicio del proyecto.

Muchas veces, en las primeras etapas, los emprendedores están centrados en desarrollar el negocio, captar clientes o financiar el proyecto, y es normal que vean la parte jurídica como algo secundario. Sin embargo, decisiones que se toman en el minuto uno —como la estructura societaria, la relación entre socios, la protección de activos, la fiscalidad, la contratación o la propiedad intelectual— pueden tener un impacto enorme en el futuro de la empresa.

Cuando esa base jurídica no está bien diseñada desde el principio, con el tiempo pueden aparecer conflictos societarios, problemas fiscales, riesgos de responsabilidad o dificultades para crecer, incorporar inversores o internacionalizarse. Y muchas veces corregir esos errores después resulta mucho más complejo y costoso.

Por eso, creemos mucho en el Derecho preventivo y en acompañar al cliente desde las fases iniciales del proyecto. Una empresa que nace con una estructura jurídica sólida tiene mucha más seguridad, más capacidad de crecimiento y también una mayor tranquilidad para centrarse en desarrollar su actividad. Al final, el asesoramiento jurídico no debe verse solo como una herramienta para resolver problemas, sino también como una herramienta estratégica para ayudar a construir empresas más fuertes y sostenibles.


¿Cuáles son los errores más costosos que cometen las empresas antes de solicitar asesoramiento jurídico?


Probablemente los errores más costosos son aquellos que se producen cuando la empresa no aplica un enfoque de Derecho preventivo y solo busca asesoramiento jurídico cuando el problema ya ha aparecido. Muchas veces las empresas consultan al abogado demasiado tarde, cuando determinadas decisiones ya se han tomado o cuando el conflicto es difícil de reconducir.

En Martínez-Echevarría somos grandes defensores del acompañamiento continuo al empresario. Nos gusta estar cerca del cliente, conocer su actividad y participar en las decisiones importantes desde el principio. Eso permite que el empresario tome decisiones mucho mejor informadas y con mucha más seguridad jurídica.

Muchos de los problemas más graves —conflictos societarios, riesgos laborales, contingencias fiscales, problemas contractuales o incumplimientos regulatorios— podrían evitarse o minimizarse con un asesoramiento previo adecuado. Y, además, incluso cuando finalmente surge un conflicto o es necesaria una defensa judicial, haber trabajado previamente desde una perspectiva preventiva facilita enormemente la defensa, porque el abogado conoce perfectamente la estructura de la empresa, la documentación y las decisiones que se han ido adoptando.

Al final, el mejor asesoramiento jurídico es muchas veces el que evita que el problema llegue a producirse. Por eso creemos que el abogado debe verse no solo como alguien que resuelve conflictos, sino como un compañero estratégico del empresario en el crecimiento y protección de su proyecto.


Hoy en día, ¿qué representa el mayor riesgo para una empresa: un error jurídico, un error estratégico o un error de comunicación?


Hoy en día, los tres aspectos son absolutamente fundamentales y están además muy interconectados. Un error jurídico, un error estratégico o un error de comunicación pueden generar una crisis empresarial muy importante y, en determinados casos, incluso comprometer la viabilidad de la empresa.

Tradicionalmente quizás se ponía más el foco únicamente en el riesgo jurídico o financiero, pero actualmente la realidad empresarial es mucho más compleja. Una mala decisión estratégica puede afectar al crecimiento y a la estabilidad del negocio; un error jurídico puede generar responsabilidades económicas, regulatorias o reputacionales; y un problema de comunicación puede tener un impacto inmediato en la imagen y en la confianza de clientes, inversores o socios.

Además, vivimos en un entorno muy rápido y altamente expuesto, donde cualquier incidencia puede amplificarse en cuestión de horas. Por eso, las empresas necesitan cada vez más trabajar de forma coordinada todas estas áreas: la jurídica, la estratégica y la reputacional.

Desde nuestra experiencia, las empresas más sólidas son aquellas que entienden que el asesoramiento jurídico no puede ir separado de la estrategia empresarial ni de la gestión de la comunicación y la reputación. Todo forma parte de la protección global de la compañía y de su capacidad para crecer de forma segura y sostenible.

Hoy, más que nunca, creemos que el papel de un despacho de abogados no consiste únicamente en proteger, sino sobre todo en anticipar. De hecho, la mejor forma de protección es precisamente la anticipación.

El modelo tradicional en el que el abogado intervenía solo cuando ya existía un conflicto ha cambiado mucho. Actualmente, el verdadero valor añadido de un despacho está en acompañar al cliente de forma continua, ayudándole a tomar decisiones con seguridad jurídica y adelantándose a posibles riesgos antes de que se conviertan en problemas reales.

Por eso insistimos tanto en la importancia del Derecho preventivo. Contar con un despacho multidisciplinar y altamente especializado permite al empresario analizar previamente las distintas alternativas jurídicas, fiscales o estratégicas antes de adoptar decisiones importantes. Esa visión preventiva no solo reduce riesgos, sino que también aporta mucha más tranquilidad y eficiencia en la gestión diaria de la empresa.

Además, incluso en aquellos casos en los que finalmente surge un conflicto, haber trabajado previamente desde una perspectiva preventiva facilita enormemente la defensa jurídica. La empresa llega mucho mejor preparada, con estructuras más sólidas, documentación correctamente organizada y una estrategia previamente diseñada.

En definitiva, hoy el abogado debe ser un compañero estratégico del cliente, alguien que no solo protege cuando aparece el problema, sino que ayuda a evitarlo y a construir proyectos empresariales más seguros, sólidos y sostenibles.